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Los feriantes asturianos, al borde del precipicio

Los profesionales de atracciones para eventos y ferias viven «con incertidumbre» la situación de un sector del que dependen 2.500 familias.

 

Muchos de los recuerdos más dulces de la infancia de cada uno seguramente tienen que ver con la diversión, la música y atracciones de una feria. Como muchos subsectores de la economía, el de los caballitos, norias y trenes está parado a la espera de que se despeje el panorama. Mientras tanto, sus profesionales viven un auténtico via crucis económico que no saben cuándo terminará.
David Rodríguez es el presidente de Asinfeas, la asociación que les representa y da voz en Asturias. Su segmento de actividad da de comer a «unas 2.500 familias» en el Principado. Reconoce que los profesionales de atracciones y ferias de la comunidad viven el actual escenario «con incertidumbre y parálisis total. No sabemos qué hacer».
Y es que la crisis de la COVID-19 cogió a las personas que se emplean en estas labores a las puertas de su época fuerte de trabajo. Un sector que concentra su actividad fundamentalmente «seis meses al año», entre marzo y octubre. El presidente de Asinfeas teme que el suyo sea uno de los últimos segmentos «que se ponga en funcionamiento» y lamenta que, en este sentido, ni siquiera se les ha comunicado «qué medidas adoptar» en cuanto se pueda reactivar su trabajo.
Explica que el de las ferias es un ámbito económico que genera «ingresos a las arcas municipales» por vía impositiva, además de por el consumo local de los profesionales desplazados a cada localidad durante las ferias. «Es una industria que genera riqueza y de la que dependen 300.000 personas en España», insiste.
Explica en que desde el Gobierno Central y Autonómico, al contrario que para ámbitos como el de la hostelería, no se han planteado para ellos «ayudas de ningún tipo». «Nosotros nunca requerimos ayudas, pero es que ahora nos sentimos desamparados totalmente», dice. Destaca, además, que para tener en perfecto estado de revista las atracciones de cara a su encendido las máquinas requieren de «mantenimiento desde octubre, gasto adicional de ingenieros, modificaciones y adaptación a las normativas de seguridad, algo que adelantas de tu bolsillo».
«Hay gente que está al borde del precipicio», asevera. Pone como ejemplo el caso de «un compañero que antes de que estallara todo lo del COVID-19 se fue a Alemania a por una atracción, se la trajo a Santander y no la pudo llegar ni a montar».