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«Ismaelico, Ismaelico, ¿qué haces aquí?»

El fiscal pide 25 años de prisión por el asesinato de una feriante jubilada de Lo Pagán, a la que el exnovio de su nieta presuntamente estranguló para robarle joyas y dinero y sufragarse así tres días de marcha. Las acusaciones pública y privada afirman que la víctima, casi inválida y con múltiples achaques, no tuvo opción alguna de luchar por su vida.

Uno de los tres presuntos implicados, en el momento de ser detenido por la Guardia Civil en 2017. / G.C.
Doña Isabel vivía con desahogo, lo cual no es sinónimo de vivir bien. A sus 71 años de edad, con el cuerpo dolorido de quien había trabajado como una bestia durante muchas décadas y a quien una diabetes aguda le agravaba sus muchos y variados achaques, tenía que ayudarse con un andador para moverse lo poco que se movía, que era por la planta baja de su dúplex, ya que la de arriba ni la pisaba. De hecho, y para evitarse esos escalones que se le asemejaban a los catorce ochomiles del lejano Himalaya, dormía en una cama que sus hijos le habían instalado en el mismo salón. Que allí estaba tan bien como en cualquier otro sitio, pues tampoco es que estuviera ella recibiendo a menudo visitas de ajenos.
En ese lecho yacía en las primeras horas de aquella madrugada del 19 de marzo, domingo, dormitando su frágil sueño de abuela, cuando el patadón que reventó la puerta de la calle la hizo incorporarse de golpe. Entonces lo vio junto al camastro. «Ismaelico, Ismaelico, ¿qué haces aquí?», interrogó, más extrañada que asustada, al antiguo novio de su nieta, Ismael B.L., el mismo que le había hecho un hijo a la zagala y a quien creía reconocer en aquel muchachón cuya borrosa silueta se alzaba ahora frente a ella.
Por toda respuesta sintió una rodilla clavándosele en el esternón, comprimiendo dolorosamente sus pulmones, mientras una mano poderosa le presionaba el rostro con un almohadón para conducirla a un ignoto territorio, silencioso y sombrío, al que casi se dejó arrastrar mansamente. Un lugar en el que no existía el dolor, ni los padecimientos, ni los achaques. Para cuando el asaltante le colocó un cable en el cuello y lo tensó con fuerza para asegurarse el resultado, la buena de doña Isabel ya no estaba para nada. Ni para enterarse de eso, ni de cualquier otra cosa.

El presunto autor del crimen había sido novio de la nieta de la víctima y tenían un hijo en común

Muchas copas y mucha coca

Si estremecedor resulta recorrer el relato de hechos que la Fiscalía y la acusación particular efectúan, de forma casi coincidente, sobre la forma en que le dieron muerte a esta conocida feriante de Lo Pagán, más lo es, a la vez que profundamente indignante, atender al supuesto móvil del crimen: hacerse con un puñado de joyas y un fajo de billetes con el que sufragarse una juerga brutal de tres días y tres noches por las discotecas de media región. Un botín de poco más de mil euros y unos gramos de cocaína, que fue lo que le dieron en un garito dedicado al trapicheo de drogas y objetos robados, y que presuntamente finiquitó con los dos colegas que ahora le acompañarán en el banquillo.

Ismael B.L. conocía la casa de la mujer y, en apariencia, que guardaba allí muchas alhajas de gran valor

Un jurado popular deberá establecer si, como sostienen el Ministerio Público y la acusación particular que ejerce el letrado Juan Francisco Canales, los tres colegas de farra, Ismael B.L., Luis S.G. y Juan Manuel B.G. salieron de marcha por las discotecas del Mar Menor, Murcia y Torrevieja el fin de semana del 18 y 19 de marzo de 2017. Y si en la madrugada del domingo, cuando habían acabado con el dinero que portaban, Ismael habría propuesto dirigirse a una vivienda de la calle Alcalde José María Henarejos de San Pedro del Pinatar, en la que residía la abuela de quien había sido su novia. Tenían «la intención de apropiarse de dinero y joyas que sabía que Isabel guardaba», pues Ismael era conocedor «del alto nivel económico de la víctima, después de toda una vida trabajando como empresaria de atracciones feriales».

Cuando se agotó el botín, los tres jóvenes retornaron supuestamente para apropiarse de más bienes

Mientras Ismael entraba en la casa, tras saltar el pequeño muro exterior y hacer saltar el resbalón de la puerta con una violenta patada, sus dos colegas habrían permanecido en el coche, «vigilando para evitar que el robo pudiera ser descubierto».
Después de darle presuntamente la cobarde muerte ya descrita, «sin ofrecerle posibilidad de defensa alguna», según el acusador privado, el exnovio de la nieta se habría apoderado de las joyas que la mujer llevaba encima y de otras que encontró escondidas, salió a la calle y se subió al coche mientras en apariencia decía: «¡La he matado, la he matado!».
La falta de toda humanidad con la que habrían actuado estos tres jóvenes, como su extrema frialdad, se resume en el hecho de que horas más tarde, siempre según los acusadores público y privado, retornaron a la vivienda para que Ismael continuara con el saqueo. Y todo ello sin más razón aparente que seguir asegurándose las copas y la cocaína que necesitaban para continuar con su largo fin de semana de juerga.
Los hechos aquí referidos han sido provisionalmente calificados por el Ministerio Público y la acusación particular como constitutivos de un delito de asesinato, del que se acusa exclusivamente a Ismael B.L., y de otro de robo con violencia, que en este caso se atribuye de forma conjunta a los tres jóvenes. Así, mientras Luis S.G. y Juan Manuel B.G. se enfrentan a sendas peticiones de cinco años de prisión, la pena solicitada para Ismael B.L. se eleva hasta los 25 años de cárcel. La demanda de indemnizaciones por la muerte de Isabel y por el robo de sus alhajas asciende hasta los 550.000 euros.
El fin de semana de jarana, sean cuales sean las conclusiones a las que llegue el jurado popular, ya les ha salido muy caro. Y, al menos para Ismael, puede acabar siendo ruinoso.
 
 
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